Ricardo del Baño Llorca

Ricardo del Baño Llorca

E-mail:   ricardobl08@enfermundi.com

 

LA EPISTAXIS

 

                        Definición:

"Epistaxis es toda hemorragia que se origina en el interior de las fosas nasales"

 

El término "EPISTAXIS" procede del griego y significa "fluir gota a gota", y de entre todas las urgencias importantes atendidas con más frecuencia en los Servicios de Urgencias es, sin duda, la más numerosa.

Generalmente, se trata de un accidente banal e inocuo, sin embargo en demasiadas ocasiones será una epistaxis la que ponga en evidencia algún otro proceso más grave que, incluso puede llegar a poner en peligro la vida del paciente si no recibe un tratamiento debidamente rápido y eficaz. 

                        Diagnóstico:

Habitualmente el diagnóstico de la epistaxis queda establecido por las indicaciones del mismo paciente, sin embargo es necesario localizar el punto sangrante y, si es posible, averiguar la causa basal desencadenante. Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial con una hemoptisis o una hematemesis que por cualquier motivo fluya por las fosas nasales. Para proceder a la exploración es imprescindible limpiar las fosas nasales a fin de facilitar la localización del punto sangrante.

La limpieza se puede realizar por medio de aspirado, por irrigación de suero fisiológico en cada fosa o haciendo que el paciente se suene la nariz para que no queden coágulos que impidan la visión de la fosa a explorar. Si se extrae el coágulo situado sobre el punto sangrante puede ceder la hemorragia de forma espontánea, pues con frecuencia, éste inhibe los mecanismos de hemostasia espontánea del organismo.

En principio, la mayor o menor gravedad de una epistaxis vendrá dada por la mayor o menor cantidad de sangre perdida y por su localización, en principio cuanto más baja y anterior sea, más benigna debe considerarse.

                        Localización:

Los focos principales de las hemorragias nasales son:

Las Zonas Bajas, o zonas de "Kiesselbach" (Manchas Vasculares), situadas a ambos lados del tabique nasal y en su parte anterior baja. Se corresponde cada una de estas con una serie de anastomosis visibles fácilmente por rinoscopia simple, en  forma de una mancha más rojiza o de “Araña Vascular”. Estas zonas están irrigadas por ramas terminales de las arterias esfenopalatina etmoidal anterior, palatina descendente y facial.

Las Zonas Superiores, normalmente se trata de hemorragias procedentes de las ramas medias y altas de las arterias etmoidales.

Las Zonas Posteriores, las hemorragias proceden casi siempre de las ramas superiores de la arteria esfenopalatina.

Cada hemorragia nasal tiene sus peculiaridades y, tanto su intensidad y frecuencia, como la forma de cohibirlas dependerá de la zona en que se presente y de su etiopatogénia.

                                    Epistaxis de causa local:

Existen algunas circunstancias externas coadyuvantes de las epistaxis:

Rascarse y arrancarse las secreciones nasales secas, y en especial las situadas en las zonas de Kiesselbach.

Estar en ambientes excesivamente contaminados (fábricas, lugares con humo, etc.) o secos (calefacción, aire acondicionado, etc.) originan pequeñas grietas secas en la mucosa nasal que sangran con bastante facilidad.

La extrema delgadez de la mucosa adherida al pericondrio septal dificulta el proceso de repleción y distensión de los vasos nasales con los cambios de temperatura, aumentando el riesgo de hemorragia.

En casi todas las fracturas nasales se originan epistaxis que suelen cesar cuando se reduce la fractura y se taponan debidamente las fosas nasales.

Algunas circunstancias especiales en las que la mucosa nasal está inflamada y/o con permeabilidad aumentada (rinitis inespecíficas, gripe, perforación del tabique, fiebre del heno, etc.) pueden ocasionar epistaxis cuando el afectado se suena con fuerza, estornuda, etc.

En los procesos postquirúrgicos de ámbito rinosinusal (sinusectomías, septoplastias, etc.) se impone la colocación de un taponamiento nasal preventivo, dada la elevada probabilidad de que se presente alguna epistaxis.

Las tumoraciones rinosinusales (benignas o malignas) pueden ocasionar epistaxis, más o menos abundantes. En este apartado es interesante hacer mención del tumor benigno del cavum nasofaríngeo denominado "Angiofibroma Juvenil", que afecta a pacientes en edad adolescente y suele ser diagnosticado a causa de las numerosas epistaxis recidivantes.

Los cuerpos extraños en las fosas nasales (rinolitos) pueden originar alguna epistaxis por roce o por presión, normalmente de carácter leve.

Las fracturas de base de cráneo pueden originar epistaxis que son difícilmente localizables si la línea de fractura interesa los senos paranasales o la lámina cribosa etmoidal.

En líneas generales, con una exploración cuidadosa de las fosas nasales por medio de rinoscopia anterior y posterior, una radiología de senos paranasales, una analítica y una detallada y eficaz historia clínica, se podrá determinar la mayor o menor gravedad y la focalidad de la epistaxis en la mayoría de los casos.

Entre otras causas locales, existen algunas anatómicas y fisiológicas que pueden orientarnos sobre su existencia, por ejemplo, la delgadez de la mucosa de las fosas nasales, la existencia de una enorme y frágil vascularización en esa zona, el hecho de que la nariz esté más expuesta a traumatismos que otras zonas debido a su prominencia o las acciones que sobre la mucosa nasal, pueden ejercer polución, temperatura, presión atmosférica, etc.

                        Epistaxis de causa general:

Es fácil encontrar muchas enfermedades que, en mayor o menor medida se pueden presentar a través de               una epistaxis u originarla.

Varias clasificaciones etiológicas se utilizan para determinar la tipología de las epistaxis. 

Aquí, por utilidad y simplicidad se ha convenido basarse en la "Clasificación de Kindler".

             A)  EPISTAXIS POR ENFERMEDADES INFECCIOSAS FEBRILES.

            B)  EPISTAXIS POR ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES Y RENALES.

                        C)  EPISTAXIS POR DIATESIS HEMORRAGICAS.

                        D)  EPISTAXIS POR LA ENFERMEDAD DE RENDU-OSLER.

             A)  EPISTAXIS POR ENFERMEDADES INFECCIOSAS FEBRILES:

Bastantes infecciones agudas (fiebre tifoidea, sarampión, escarlatina, gripe, etc.) se asocian con frecuencia a epistaxis, especialmente durante los primeros días de su evolución. Las epistaxis se suelen presentar en cornetes hiperhémicos y en mucosa desecada. Son generalmente, hemorragias de sangre venosa (oscura) y localización anterior, de fácil diagnóstico y con una evolución rápida y favorable.

            B)  EPISTAXIS POR ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES Y RENALES:

Las personas afectas de hipertensión arterial, arteriosclerosis, cardiopatías, nefritis y aquellas que trabajan en condiciones extremas de presión y/o temperatura ambiental que pueden originar patologías de esa índole (alpinistas, submarinistas, aviadores, o trabajadores de cámaras hiperbáricas) pueden presentar frecuentes episodios de epistaxis, que generalmente se presentan más habitualmente en personas mayores y con frecuencia, precedidas de vértigos y/o cefaleas, suelen comenzar casi siempre por la noche  o primera  hora de la mañana, sin que haya precedido algún esfuerzo o alguna causa valorable. Habitualmente suelen localizarse en la parte superior o anterior de las fosas nasales. Con frecuentes recidivas y difícil tratamiento, son hemorragias arteriales (color rojo vivo). En cavum se suele formar un coágulo colgante de un tamaño considerable, por debajo del cual continúa la hemorragia.

Este tipo de epistaxis obliga con frecuencia a dejar colocado el taponamiento más días que en los casos referidos en el grupo anterior.

Dentro de este grupo, las causas basales más frecuentes que se presentan conjuntamente a las epistaxis, son las hipertensiones arteriales. Con frecuencia se trata de pacientes que desconocen su afectación o que, aún conociéndola no se la tratan asiduamente y no se realizan controles periódicos de su tensión arterial. Las epistaxis debidas a hipertensión arterial representan aproximadamente entre el 40% y 45% de todas las originadas por una de causa general.

             C)  EPISTAXIS POR DIATESIS HEMORRAGICA:

Las personas diagnosticadas de hemofilia, púrpura, trombopatías, leucemias, etc., o que están siguiendo un tratamiento con anticoagulantes, las mujeres que padecen trastornos menstruales con hemorragias vicariantes, las personas sometidas a radiaciones ultravioleta excesivas, las víctimas de intoxicaciones y personas con déficits vitamínicos suelen presentar frecuentes epistaxis difusas en sábana. Normalmente son de origen capilar y, con difícil tratamiento si no es diagnosticada la patología de base y tratada esta al mismo tiempo que la epistaxis. La convalecencia por causa de este tipo de epistaxis suele ser más prolongada de lo habitual y requiere un reposo, prácticamente absoluto durante varios días.

             D)  EPISTAXIS POR LA ENFERMEDAD DE RENDU-OSLER:

Es una enfermedad hereditaria, agresiva y caracterizada por la aparición de numerosos pequeños angiomas en piel, en mucosas e incluso en determinados órganos internos. Su primera manifestación suele ser la epistaxis, su característica más diferencial es casi siempre la frecuente presencia de recidivas, especialmente en los cambios estacionales, que superan a los propios de cualquier otro tipo de epistaxis.

Ocasionalmente se hace necesaria la transfusión de sangre (concentrados de hematíes o sangre total) debido a la anemia originada por las hemorragias. Por medio de la rinoscopia anterior se aprecian en la mucosa nasal gran cantidad de arañas vasculares. Por fortuna no es una enfermedad muy extendida, pues su evolución clínica no suele ser favorable, a medio y largo plazo.

Su tratamiento más específico es el quirúrgico, a partir del momento en que los taponamientos y transfusiones ocasionales no son eficaces.

 TRATAMIENTO  (Generalidades):

 Toda epistaxis debe ser contenida a la mayor brevedad posible y deberá establecerse el debido diagnóstico etiológico a fin de tratar en forma conjunta, la epistaxis y la causa desencadenante, si la hubiera, y evitar de esa forma su recidiva.

Algunos autores consideran en la actualidad que no es válido pensar en que la hemorragia nasal actúe como una "válvula de seguridad" a fin de evitar hemorragias de mayor entidad, (hemorragias cerebrales, etc.) pero sin embargo tampoco conviene descartar totalmente esa posibilidad en determinados pacientes.

Aproximadamente el 30% de las epistaxis tienen una base patológica de índole local, el 70% restante se corresponde con las epistaxis que tienen una base patológica de carácter general. La práctica nos demuestra que cualquier epistaxis tratada con un taponamiento nasal y tratando simultáneamente la causa motivante o enfermedad de base, evoluciona de forma más rápida que aquellas que son únicamente taponadas o cauterizadas. También, esa misma práctica demuestra que en ocasiones, instaurándose el tratamiento farmacológico adecuado a la problemática basal puede evitarse al paciente el trauma del taponamiento.

Partiendo también de bases prácticas, se demuestra que en épocas de cambios climáticos más rápidos o bruscos de lo habitual y especialmente en primavera y otoño, aumenta el índice de pacientes con epistaxis que deben ser atendidos en los Servicios de Urgencia de Otorrinolaringología. De los casos atendidos y que fueron ingresados, se ha podido establecer una estadística de los años 1989 a 1998. (Para más información consultar con el autor)

TRATAMIENTOS LOCALES DE LA EPISTAXIS

 Las técnicas terapéuticas que suelen aplicarse en el tratamiento de la epistaxis son cuatro:

             1)  La compresión:

Se practica colocando un algodón empapado en agua oxigenada en el vestíbulo nasal sangrante, este debe ser del mayor tamaño posible y presionando con los dedos en forma de pinza sobre la pared exterior del vestíbulo nasal durante unos minutos, con lo que suele ceder la hemorragia a los pocos minutos.  Es un método sencillo y casero con el que suelen ceder la mayoría de las epistaxis.

En el medio hospitalario no se suele practicar, ya que casi todas las epistaxis que llegan a un Servicio de Urgencias han sido tratadas previamente por este sencillo sistema.

Otro método de compresión consiste en colocar un algodón o pañuelo debajo del labio superior, de forma que presione y comprima la rama arterial facial que forma parte de la Mancha Vascular. Tampoco este segundo método es utilizado en el medio hospitalario.

Un alto número de epistaxis que se localizan en la Mancha Vascular y no presentan una patología basal importante, ceden con la aplicación de estos dos sencillos métodos en pocos minutos y por este motivo no suelen llegar al medio hospitalario.                                                                      

                        2)  La cauterización:

La cauterización de un punto sangrante puede realizarse por medios químicos o eléctricos.

La cauterización química más utilizada es la aplicación de toques de nitrato de plata en el punto sangrante. En determinados casos presenta el inconveniente de “quemar” también zonas anexas al punto cauterizado, a causa de la disolución del nitrato en la mucosa cercana al punto sangrante. El ácido tricloroacético y el ácido crómico también se utilizan pero con menos frecuencia.

La cauterización eléctrica se realiza por galvanocauterio y diatermocoagulación, con una técnica similar a la de la coagulación química. Aunque no es conveniente la cauterización durante las fases agudas de una epistaxis, es útil especialmente la cauterización química para evitar recidivas en determinados casos de varices en la Mancha Vascular del septum. Los procedimientos eléctricos son más traumáticos e incluso pueden llegar a ocasionar perforación del tabique nasal. Al cauterizar se produce necrosis de la zona por coagulación y esta origina una trombosis de los vasos afectados en ese lugar, quedando una cicatriz escasamente vascularizada.

En niños es todavía más contraproducente la utilización de estos métodos, puesto que al notarse la costra interna, con excesiva frecuencia se la arrancarán con la uña, ocasionándose otra nueva hemorragia secundaria, más difícil de controlar que la primaria. 

3) El taponamiento de las fosas nasales:

Se realizan dos tipos de taponamiento, el anterior y el posterior, sin embargo, la realización de un  taponamiento anterior no anula la posible colocación de otro posterior si fuera necesario.

Las técnicas más utilizadas para la realización de los taponamientos son:

                         El taponamiento anterior:

Este es uno de los métodos más utilizado en el medio hospitalario en la actualidad está indicado, en especial para el tratamiento de epistaxis anteriores.

No existen normas fijas para esta técnica en la que se utiliza una gasa estéril orillada (bordeada) de 1 a 2 cm. de ancho.

La gasa se puede impregnar en suero, vaselina, agua oxigenada o en una solución anestésica.

En primer lugar se deberá limpiar lo mejor posible la fosa a taponar. (Ver "Diagnóstico de la Epistaxis")

A continuación se puede pulverizar la fosa con un spray anestésico o empapar la mucosa con un algodón humedecido con anestésico, para evitarle molestias al paciente y conseguir que colabore más y mejor. Uno de los extremos de la gasa orillada se sujetará con la mano que sostiene el rinoscopio, (normalmente la izquierda) con la otra y por medio de una pinza de taponamiento (de bayoneta) se va introduciendo la gasa en la fosa nasal empezando desde la parte más posterior hacia la anterior y desde abajo hacia arriba, de tal forma que la fosa quede rellena con la mayor cantidad de gasa posible y ejerza la compresión suficiente en las paredes de la fosa como para hacer cesar la hemorragia.

La correcta utilización de la iluminación y del espejo frontal nos permitirá colocar la gasa de forma  correcta, a la vez que podrá controlarse la existencia de otros puntos sangrantes.

Finalmente se introduce el cabo de la gasa que se ha sujetado con la mano, de esa manera se evita que alguno de los extremos de la gasa se deslice hacia atrás y provoque molestias. Es útil colocar un algodón en el vestíbulo de la fosa taponada y asegurarlo exteriormente con esparadrapo evitando de esa forma que se salga la gasa en caso de estornudo o manipulación de la zona por el paciente.

Otro de los métodos que es utilizado, especialmente en técnicas quirúrgicas rinosinusales, consiste en efectuar el taponamiento a base de gasas empapadas en pomadas grasas, por ejemplo "Linitul®", y se realiza de forma similar, rellenando la fosa por pisos, de abajo hacia arriba y comprimiendo cada piso hacia abajo, antes de introducir el siguiente.

Actualmente el empleo de  los materiales sintéticos reabsorbibles como "Spongostan®”, que es una esponja hemostática reabsorbible de gelatina en láminas de 200 x 70 x 0,5 mm., con facilidad para ser manipulado en forma  de rollos.

El "Merocel®”, es otro tipo de esponja hemostática reabsorbible que se presenta en piezas que van desde los 45 a los 80 mm. de largo, por 15 mm. de ancho por 20 mm. de alto, en piezas que al ser humedecidas con anestésico, suero, o lubricante, se expande y origina una presión uniforme a lo largo de la fosa nasal.

            En la cirugía oral y rinosinusal se utiliza también el "Surgicel®”, apósito hemostático absorbible estéril que se presenta en forma de "malla" de 100 x 200 mm., y se utiliza en cirugía oral y en los taponamientos posteriores clásicos, actualmente han desplazado a la gasa orillada como medio para realizar este tipo de taponamientos.

Cuando se considere que un paciente debe llevar el taponamiento más de cinco o seis días es conveniente la utilización de este material reabsorbible.

La técnica del taponamiento a base de material reabsorbible es similar a la del taponamiento anterior con gasa, sin embargo, es más útil humedecer estos productos antes de introducirlos en la fosa, sea en solución anestésica o agua oxigenada, a fin de evitar daños en la mucosa nasal.

Con el taponamiento anterior, sea unilateral o bilateral, cesan el 90 % de las epistaxis que se presentan en un Servicio de Otorrinolaringología.

               El taponamiento posterior:

Debe practicarse a los pacientes con epistaxis de origen anterior, cuando un taponamiento anterior no se muestra efectivo y en epistaxis posteriores altas.

También para realizar los taponamientos posteriores se utilizan varios métodos. El método clásico, que actualmente no es el más utilizado, se realiza practicando previamente la limpieza de fosas nasales.

A continuación se pasa una sonda que sea fina, blanda y flexible, (de "teflón" o caucho) por el vestíbulo nasal hacia el cavum, haciendo que el paciente coopere para sacar el extremo de la sonda por la boca (esta manipulación le puede originar nauseas al paciente), una vez fuera, se fijará en el extremo de la sonda un hilo de seda al que antes se le deberá haber anudado una torunda de gasa esterilizada o de material reabsorbible, preferentemente "Surgicel®” de un tamaño similar al de la coana. Se tira entonces de la sonda de forma que la torunda quede fijada en la rinofaringe perfectamente. Podemos ayudarnos de los dedos, a fin de realizar la colocación y adaptación del tapón, tal y como se realiza al practicar un tacto de cavum. El hilo de seda sobrante de fijar la torunda en la sonda deberá salir por la boca y de esa forma se facilitará la extracción del tapón posteriormente, a la vez que se podrá regular su presión sobre la rinofaringe.

El hilo de seda sobrante y que sobresale por la fosa deberá fijarse con un esparadrapo junto a la boca.

Este taponamiento puede realizarse en una sola fosa nasal (método descrito) o en  ambas.

La diferencia consiste en que para el segundo caso se debe introducir una sonda por cada fosa, ambas se extraerán por la boca y la torunda deberá tener un tamaño casi doble del utilizado en el taponamiento unilateral, ambas sondas se fijarán a la torunda y deberán quedar dos hilos saliendo por la boca. Hay que prestar una especial atención en "no confundir la posición de las sondas" cuando se instaure el taponamiento.

El taponamiento posterior, unilateral o bilateral así realizado, suele complementarse con otro anterior, que generalmente será bilateral. Este taponamiento resulta bastante traumático y es molesto para el paciente, pues le dificulta la deglución y le puede originar sensación de disnea, por lo que actualmente se tiende a utilizar instrumentales fabricados al efecto, como los denominados "neumotaponamientos" o bien otros que, si bien no se han diseñado para su utilización en taponamientos nasales, dan bastante buen resultado para los taponamientos.

Este es el caso de la sonda uretral flexible de "Foley®", fabricada en "teflón". Esta, una vez bastante lubrificada con vaselina o pomada grasa, se introduce por la fosa nasal sangrante hasta llegar a rinofaringe.

A continuación se hincha el baloncillo con 5 a 10 c.c. de aire o de suero fisiológico y después se tira de la sonda con fuerza hacia afuera. Para fijar la sonda de tal manera que mantenga una presión constante y hacer cesar la hemorragia se utilizan discos de esparadrapo o, mejor todavía, rodetes de espuma sintética adhesiva ("Reston®") fijada a la sonda, exactamente a nivel de la ventana de la fosa.

Con el empleo de estos rodetes se impide que el taponamiento pierda su presión en poco tiempo y que la sonda se deslice hacia atrás con el baloncillo hinchado, lo que podría ocasionarle graves molestias al paciente. Colocar un taponamiento posterior con una sonda de "Foley®" es menos traumático y más rápido para el paciente y sin embargo puede afectar la mucosa interna, pudiendo originar ulceraciones, estenosis, rinitis costrosas, etc., a causa de la necrosis que puede originar la excesiva presión del baloncillo.

El denominado "Neumotaponamiento" consiste en una cánula similar en cierta forma a las cánulas endotraqueales, pero mucho más estrecha y flexible. Posee dos baloncillos hinchables, uno es grande, anterior, medio y superior y el otro posterior y más pequeño que no se pueden hinchar de forma independiente. Su colocación solo puede presentar problemas si se intenta introducir en una fosa nasal  estrecha, con el tabique  muy desviado o con cornetes hipertróficos. Es, poco más o menos, igual de traumático que la sonda "Foley®”, la compresión que ejerce es un poco más uniforme en todas las zonas hemorrágicas que habitualmente se presentan y la presión se realiza a lo largo de todo el conducto nasal, con lo cual suele evitarse la aplicación de otro taponamiento anterior. Los problemas subsidiarios a su colocación son en la práctica, los mismos que puede ocasionar la sonda de "Foley®". Por ello no deben utilizarse más que en algunos casos excepcionales, y dejando la sonda un máximo de 72 horas. 

                        4) Los métodos quirúrgicos:

Existen técnicas puramente quirúrgicas para el tratamiento de epistaxis que únicamente pueden ser realizadas en un quirófano y en pacientes muy concretos, en los que cualquier tipo de taponamiento resulta ineficaz, los más utilizados son:

Las ligaduras arteriales, de las arterias etmoidales, de la maxilar interna o de la carótida externa.

La embolización de la rama terminal de la maxilar interna, (esfenopalatina) o de la facial, está relativamente “recomendada” en las angiomatosis (Rendu-Osler) que se muestran rebeldes a los taponamientos, pero con una eficacia más que dudosa en la evolución general del paciente.

Las técnicas quirúrgicas  se aplican en  los casos de grandes varices a nivel de la Mancha Vascular. 

TRATAMIENTOS MEDICOS DE LA EPISTAXIS

 En líneas generales y, aunque no pertenezca al ámbito estricto de la función de la Enfermería, ni la instalación de taponamientos de ningún tipo, ni la instauración de un tratamiento, no estará de más que ese personal conozca, aunque sea en forma superficial y sencilla los procedimientos y tratamientos normalmente aplicados a los pacientes afectos de epistaxis.

Como se dijo más arriba, la norma habitual que se impone cuando debe tratarse una epistaxis es instaurar un tratamiento adecuado a la causa o enfermedad base que ha podido desencadenar la epistaxis, si existiera.

Normalmente, el otorrinolaringólogo que practica un taponamiento, deberá tratar de eliminar los signos de ansiedad que sufre el paciente, vengan originados por la molestia del mismo taponamiento o por tener que ingresar en un hospital, y posiblemente instaure un tratamiento ansiolítico, relajante y analgesia.

En caso de que el taponamiento practicado haya sido realizado con gasa o con otro material no reabsorbible el médico tenderá a instaurarle una cobertura con antibióticos adecuados, aunque en el caso de que se realice con material reabsorbible tampoco conviene descartar una cobertura antibiótica.

En muchos los casos, el médico puede instaurar un tratamiento a base de hemocoagulantes, por vía parenteral u oral, que favorezcan el cese de la epistaxis en el menor tiempo posible, siempre que no existan contraindicaciones.

Si la analítica practicada al paciente indica síntomas de anemia se ha de proceder a las pertinentes transfusiones de sangre completa o de concentrados de hematíes.

En pacientes hipertensos crónicos no tratados, se instaurará un tratamiento hipotensor, una dieta hiposódica y los oportunos controles de la tensión arterial.

En el caso de pacientes con epistaxis recidivantes o con sintomatología de anemia, le instaurará un tratamiento hemopoyético y una dieta adecuada.

Cuando la volemia del paciente esté disminuida seguramente se le instaurará el tratamiento sueroterápico oportuno, que en algunas ocasiones podría estar bajo la complementación de una transfusión sanguínea. 

 LOS PROCEDIMIENTOS DE ENFERMERIA

 Las funciones, siempre de "ayuda y colaboración" con el facultativo, en las que el Personal de Enfermería interviene, comienzan con la llegada de un paciente al hospital y concluyen en el momento en que se le da de alta.

Esas funciones se han dividido en dos fases cronológicas.  La primera, desde que el paciente llega al hospital hasta que es remitido a su domicilio o ingresado en el Hospital.  La segunda, desde que el paciente ingresa en el Servicio de Otorrinolaringología hasta que se le da el alta definitiva de su ingreso hospitalario.

Esta división no implica una diferencia en las funciones básicas de Enfermería dependiendo del Servicio y que son, prácticamente las mismas, sino que viene impuesta por el tiempo de estancia en cada uno de los Servicios y, en última instancia, por la relación Personal de Enfermería-Paciente en cada uno de ellos. 

                        EN  EL  SERVICIO  DE  URGENCIAS:

            El paciente que llega al Servicio de Urgencias víctima de una epistaxis, estará bastante afectado psíquicamente, normalmente y en tanto no se le tapone seguirá con la hemorragia y por ello "exigirá la presencia inmediata de un médico". El Personal de Enfermería debe empezar a actuar sobre el paciente en cuanto este llegue, y deberá seguir unas líneas generales de actuación fijadas teóricamente por los siguientes pasos:

            a) Control de las constantes vitales. (tensión arterial, frecuencia cardiaca)

            b) Ubicación del paciente en cama o camilla elevada entre 45 y 60º.

            c) Extracción de sangre para la realización de una analítica urgente. (pruebas de coagulación y series roja y blanca al completo)

            d) En casos de signos claros de hipotensión y/o palidez se le canalizará la vía utilizada para la extracción de sangre destinada a practicarle la analítica. (En todo caso es conveniente dejarle una vía heparinizada, salinizada o preferiblemente, con un obturador colocado)

            e) Se debe evitar que el paciente trague sangre, por lo que se le inclinará ligeramente la cabeza hacia adelante para que esta fluya por la nariz, y se le aconsejará presionarse a nivel de las aletas nasales con los dedos en forma de pinza, ayudándose de gasas.

            f) Es posible que si el paciente ha tragado sangre, esta le ocasione vómitos que serán de sangre oscura y con frecuencia, con restos alimentarios.  Se intentará diferenciar la epistaxis de una posible hematemesis que por cualquier causa vaya a fluir por las fosas nasales o por la boca.

            g) Este último es un signo muy frecuente de confusión con una hematemesis, pero en el caso de las epistaxis, aunque pueden presentar un vómito abundante, no será persistente ni reiterado.

            h) Cualquier otra sintomatología grave que se presente deberá ser tratada rápidamente y de forma causal.

            i) Durante la colocación del taponamiento se colaborará con el facultativo, es especialmente necesario mantener al paciente bloqueado de manos y fijarle con seguridad la cabeza, en posición un poco elevada para facilitar las manipulaciones a que le deberá someter el facultativo.

            j) Una vez realizado el taponamiento, deberá mantenerse al paciente en cama o camilla elevada entre 45º y 60º y, si no se presentan nuevas epistaxis el paciente será remitido, según criterio del facultativo, al Servicio de Hospitalización o a su domicilio.

            k) Todas las manipulaciones que deban realizarse sobre el paciente se han de efectuar con las debidas medidas de seguridad, protección e higiene. (guantes, bata, mascarilla, etc.) 

                 EN EL SERVICIO DE HOSPITALIZACION:

            Al paciente que es ingresado en un  hospital a causa de una epistaxis se le plantean una serie de problemas personales, familiares y psíquicos que tienden a provocar en él, y en su familia o acompañante un estado de nerviosismo que conviene aplacar de raíz, tan importante es tratar la epistaxis como tranquilizar al paciente y a la familia. Con frecuencia, un acompañante adecuadamente tranquilo e informado al lado del paciente le proporcionará mucha más seguridad, pero en líneas generales, el acompañante tenderá a estar tanto o más alterado que el paciente, por lo que en principio, sería conveniente que el paciente quedara solo durante las primeras horas de estancia, (12/24 horas) aunque por razones de comodidad del Personal se tiende a propiciar la presencia de un familiar como mínimo.

            Las líneas generales a seguir durante la hospitalización de un paciente de estas características pueden establecerse como sigue:

            a) Al paciente se le colocará definitivamente en cama elevada entre 45º / 60º y deberá permanecer en esa posición un mínimo de 24 a 48 horas, siempre que siga sin presentar hemorragia. Si fuese posible se le ubicará en un lugar tranquilo.

            b) Se le prohibirá levantarse, así como realizar cualquier esfuerzo, por pequeño que sea, el reposo en cama se entenderá como absoluto y estricto durante las primeras 24 a 48 horas, por ello, realizará todas sus necesidades fisiológicas en cama.

            c) Se le administrará el tipo de dieta indicada por el médico, que estará casi siempre basada en productos blandos o triturados y con líquidos fríos y, en caso de pacientes con hipertensión arterial, esta será asódica.

            d) Durante las primeras 24 horas se le deberá controlar a menudo la tensión arterial, ya que a causa del nerviosismo citado anteriormente presentará valores más altos de los habituales. Durante las primeras 6 a 8 horas siguientes, tenderá a normalizarse si no existen hemorragias. En caso de que la tensión arterial no se normalice podrá ser necesario instaurar una dieta hiposódica y quizás también un tratamiento hipotensor en una sola dosis.

            e) Durante esas primeras 24 horas se controlará cualquier hemorragia, sobre todo y, ante la ausencia de hemorragia anterior, se vigilará que el paciente no se esté tragando la sangre, pues tarde o temprano vomitará y posiblemente él no asocie el vómito de sangre con la sangre deglutida, sino con otra hemorragia "mucho más fuerte", por lo que será conveniente informarse de si ha deglutido sangre, e informarle de la posibilidad del vómito, a fin de tranquilizarle por si llegara el caso.

            f) Si el paciente está con un tratamiento por cualquier otra enfermedad es conveniente que lo siga, siempre y cuando no influya negativamente en la epistaxis. En el caso de pacientes con tratamientos anticoagulantes es conveniente dar aviso de la situación al Médico Especialista concreto, a fin de que modifique las dosis y se logre evitar la epistaxis sin que el tratamiento anterior pierda su efectividad.

            g) Se le administrará el tratamiento general que haya prescrito el facultativo.

            h) Es conveniente mantener informados al paciente y acompañantes o familia del por qué de cada medida o norma que se adopte, sin embargo, no debe actuarse así al darles información sobre la función y acciones de los medicamentos administrados, para evitar crear falsas expectativas sobre el tratamiento a corto plazo. Tampoco conviene darle excesiva importancia a esas ligeras salidas de sangre por las fosas nasales que, al cabo de unas pocas horas de haber sido realizado el taponamiento, suelen aparecer. Hay que informarle también de que la curación completa y definitiva no es cosa de horas, sino de días, pues en el caso de recidivas, su desmoralización podría ser muy contraproducente.

            i) Si el paciente presenta nuevos episodios durante su estancia, además de tranquilizarle e intentar atajar la hemorragia por medio de compresas muy frías y "digitopresión", se colaborará con el facultativo en la realización de cualquier otro nuevo taponamiento.

            j) Uno de los motivos por los que los facultativos se muestran reticentes a la hora de practicar taponamientos reiterados en fosas nasales dañadas a causa de otros taponamientos anteriores es la facilidad de presentar hemorragias en esas fosas nasales a causa de las escaras, necrosis y heridas producidas en los taponamientos previos. En esos casos es mejor seguir el procedimiento descrito en el apartado anterior.

            k) La presencia de heces negras (melenas) suele ser habitual a causa de la sangre deglutida. El estreñimiento que la sangre origina puede intentar anularse a base de laxantes por vía oral (efecto lento) o por vía rectal (efecto más rápido). De esa forma se evitará que el paciente realice esfuerzos durante la defecación.

            l) Si en las primeras 48 horas no ha presentado nuevos episodios hemorrágicos, autorizar al paciente a levantarse de la cama y pasear, sin realizar esfuerzos importantes, será un método de elevar su ánimo.

            m) Pasados de tres a cuatro días, bajo criterio médico, se le podrá retirar el taponamiento (o lo que quede de él)  y si el facultativo lo cree oportuno se le dará el alta a domicilio.

            n) Las manipulaciones que se realicen sobre el paciente deberán tener las debidas medidas de asepsia. (Utilización de guantes, mascarilla, bata, etc.)

            o)  Es conveniente antes de que el paciente se marche de alta, darle una serie de consejos sencillos, a fin de evitar las recidivas y que durante los diez o quince días siguientes deberá seguir, tales como continuar sin realizar esfuerzos, evitar comidas copiosas y alcohol, evitar fumar, así como no sonarse con fuerza, ni hurgarse en la nariz, etc., y por supuesto, seguir bajo el control de su Médico Especialista de Ambulatorio.

 

BIBLIOGRAFIA

¨        M. Portmann (Manual de Otorrinolaringología)

¨        T. R. Bull (Atlas de Diagnóstico Otorrinolaringológico)

¨        F. Zöllner (Otorrinolaringología)

 

AGRADECIMIENTOS

Al Jefe del Servicio de Otorrinolaringología de la Ciudad Sanitaria "Vall d'Hebrón" de Barcelona, Dr. Pedro Quesada Marín, por las facilidades que me ha brindado para la obtención de los datos estadísticos antes citados y que tan necesarios han sido para realizar este estudio.

 

Al Jefe Clínico de este mismo Servicio, Dr. Manuel García López, por sus consejos y por la revisión última del estudio realizado, en su versión más científica.

          

                                                                                                           Fdo.: Ricardo del Baño Llorca ©     

 

El presente artículo está basado en el titulado “10 AÑOS DE EPISTAXIS”, del mismo autor, realizado entre los años 1989 y 1998, tratando básicamente, además del diagnóstico y tratamiento de la epistaxis, todos sus componentes estadísticos, edades, sexo, épocas del año con más afluencia, etc.

La actualización de los años 1989 al 1991 fue presentado en el XIIº Certamen Nacional de Enfermería, “Ciudad de Sevilla”,en 1996.

Para más información sobre la estadística de este u otros trabajos ruego os pongáis en contacto conmigo, bien por correo postal o por correo electrónico.

            Agradecido.

                                   Ricardo del Baño Llorca ©